viernes, julio 02, 2010

Holanda 2 - Brasil 1. Autodestrucción.

¡Qué bueno que está este mundial! Los he visto obsesivamente desde el 94 y no recuerdo uno mejor.

Al revés de lo que suele pasar o de lo que puede esperarse, los partidos de eliminación directa han sido los mejores. Con más goles, más chances, más emociones y mejor fútbol. Es un partidazo tras otro, y éste no fue la excepción.

Brasil jugó su (o quizás EL) mejor fútbol en lo que va del torneo en el primer tiempo. Inclusive Robinho, gran desaparecedor en partidos importantes, arrancó con un gol anulado, luego hizo otro válido y en lo que quedó de esa mitad la rompió. Hubo una jugada por izquierda en la que apiló a medio equipo, dejó desequilibrada a toda la defensa, Luis Fabiano recibió y con un taquito de primera se la dejó a Kaká para que la clavara en el ángulo superior izquierdo de no ser por una volada espectacular de Stekelenburg, en la que habría sido la atajada del día sin dudas en cualquier partido promedio, pero en éste tuvo seria competencia de otra un rato más tarde, cuando tuvo que volar abajo y pegado al palo para que un derechazo brasilero terminara pegando del lado de afuera de la red en vez de adentro.

Y atrás eran impasables. Juan es una roca, y Van Persie no lo pudo engañar ni una vez. Bastos por izquierda no le dejó hacer nada a Robben, que enganchaba siempre para pegarle de zurda hasta volverse hiper predecible. Claro que, aún sabiendo lo que va a hacer, el tipo puede ganarte el 1 contra 1 y clavártela en un ángulo, pero por eso Bastos tenía ayuda: en una sobre el final del primer tiempo cuando Robben enganchó se le vinieron ¡cinco! brazucas encima como un enjambre de abejas asesinas, y se lo morfaron crudo.

Holanda, encima, daba unas cuantas ayuditas. Parecía querer arrancar en desventaja, hasta que lo logró cuando Heitinga salió hasta la mitad de la cancha no se sabe por qué cuernos y dejó un hueco bestial de unos 35 metros de ancho, por el que Robinho entró caminando para recibir el pase largo de Melo y tocar al gol. A lo mejor Ooijer -que entró a último momento por la lesión del otro central titular- tenía que cubrirlo y no lo hizo por los nervios debut (?), o qué sé yo qué carajo. La cuestión es que el tipo más cerca de Robinho cuando definió terminó siendo... Robben. Y arriba, lo ya dicho: andaban todos torcidos. El más prometedor, sin ser gran cosa, era Sneijder, que mostró un poquito de su gran visión y espectacular pegada.

¿Cómo podía dar vuelta semejante partido? La pregunta en el entretiempo no era tanto ésa, sino más bien: ¿cuántos se van a comer? Pero el gol en contra de Felipe Melo, la anti-figura de la cancha y chivo expiatorio de la jornada pese al pase gol, cambió el partido. Julio César no salió bien y creo que al empujarlo a Melo cambió el punto de impacto de su cabeza con la pelota, haciendo que el testazo saliera para el arco propio en vez de rechazado, y empatara.

Ése fue el punto de quiebre del partido, pero Brasil anímicamente ya estaba tocado. Como decían en la trasmi del 7, desde el primer minuto parecieron nerviosos, y siguieron así aún en ventaja y dominando cómodamente, cosa más difícil de entender. Hubo un par de esas repes en super slow motion con Robinho inflando los cachetes al putear que eran para cagarse de risa.

Holanda, en cambio, estaba metidísima en el partido... o al menos lo estaban un par de sus jugadores. Sí, los errores del arranque dieron a entender lo contrario, pero las ganas de ganar que tenían tipos como Robben y Sneijder se notaba mucho. Corrían, gritaban, daban órdenes, protestaban todas. La euforia saltarina que puede verse en la toma aérea del festejo del segundo gol de parte de un tipo individualista como Robben fue muestra de que estaban realmente comprometidos con la causa colectiva.

Para cuando Kuyt, parado en el segundo palo, intercambió rápido posiciones con Sneijder, que estaba en el primero, y peinó un córner de Robben para dejarle el cabezazo del triunfo servido al enganche del Inter, Holanda ya era dominador en lo futbolístico pero por razones más bien anímicas. El talento siempre estuvo: Holanda (a diferencia del Brasil de Dunga) pone al menos cuatro jugadores plenamente ofensivos en cancha todos los partidos, invariablemente, y no los saca nunca a menos que sea en reemplazo de otro de las mismas características. La táctica tampoco cambió demasiado, aunque alguna novedad futbolística había, como las subidas por derecha de Van der Wiel. Pero la principal era el desconcierto de un Brasil que ante cada gol dejaba más en claro que no tenía ni idea de cómo reaccionar, pareciéndose cada vez más a un equipo de novatos puesto a hacer un rol de veterano que le quedaba muy grande.

Desesperación y errores con la pelota, patadas como para merecer más tarjetas de las que el muy mal réferi japonés les terminó poniendo, roja para Melo por un pisotón estúpido a Robben, ni una idea para llegar al arco contrario y huecos atrás que aunque parezca imposible dejaron chico al que Holanda les abrió en el 1-0.

Los holandeses lo tendrían que haber liquidado, pero hicieron todo mal al definir.

El poderoso pero descontrolado en tiros libres pie izquierdo de Van Persie se combinó con la Jabulani para desperdiciar todos los tiros libres de frente al arco mandándolos a la fila 164 de la 3er bandeja. Como no fue lo único que Van Persie hizo mal en la tarde, el DT lo reemplazó por Huntelaar, que logró que los hinchas holandeses extrañaran a su reemplazado tras conseguir arruinar, en los 10 minutos que estuvo en cancha, una jugada clarita de gol tras otra: primero no pudo parar un pase rasante y relativamente sencillo que lo dejaba de cara al gol en el borde del área; después quedó sólo con el resto de los delanteros holandeses tras un saque de arco (!) para el que Brasil había dejado un solo jugador en su propia área: la paró con tiempo y espacio, pensó, pensó, pensó y le tiró un pase a los pies del único defensor que había. Kuyt tuvo otra en que gambeteó a medio mundo como conitos de entrenamiento (no daban más los brasileros) pero se equivocó en el último movimiento. Ni Sneijder, figura holandesa, se privó de decidir mal cuando los contraataques le quedaron servidos a él.

Fueron tan ineptos en esos últimos minutos que ni tiempo eran capaces de hacer bien: cuando Kuyt se quiso quedar con la pelota contra el banderín del córner, se aferró tan fuerte al piso con el botín del pie derecho que los tapones se engancharon en el desastroso terreno de juego y le arrancaron un pedazo, dejando un pozo de fácil 10 cm. de profundidad en el cuarto de círculo desde el que hacía algunos minutos Robben había pateado el córner de la victoria. Y mientras la arena saltaba para todos lados, Brasil ya agarraba la pelota y trataba a los ponchazos de armar algún ataque antes del final.

Así fue todo el cierre del partido: un quilombo. Un segundo tiempo, sin dudas,
tan de potrero como cualquier otro que se les ocurra en esta copa. Amateur, desprolijo, con mucha improvisación y de arco a arco.

Nadie hubiera imaginado ese desenlace tras ver el sólido y peligroso primer tiempo brasilero. Pero se autodestruyeron más que Holanda, demostrando que no necesariamente el país que legaliza el consumo personal termina haciéndose bolsa a sí mismo más que los otros.

Posiblemente sea necesario ver los 90 una segunda vez, no saltando por las paredes y sufriendo en grupo con cada ataque brasilero sobre el final, para hacer un análisis más fino e inteligente, dos características que el partido no tuvo. Pero el ritmo de la copa no lo permite: si no me apuro me pierdo el principio de Uruguay-Ghana.

Chau Dungabrasileros. Yo no los voy a extrañar.

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